EDUCAR TAMBIÉN ES PODER

 

 

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Se tomó la semana pasada por parte de ADES una medida que parece ser infantil, desmesurada, injustificada y desproporcionada para con la realidad que vive el país. Un paro docente en los liceos capitalinos por 72 horas. Cierto es, que el derecho a huelga nunca debería comprender los adjetivos mencionados si la causa es justa, y estas medidas logran resolver los reclamos que se hacen. Pero este no parece ser el caso. Acción en busca de reacción, esa debería ser la consigna.

Loable sería que los reclamos de los gremios docentes estuviesen sustentados únicamente por las faltas edilicias evidentes y constantes de algunos de los liceos del país. Nadie niega que no haya problemas, tener un liceo en situación crítica es grave, gravísimo. Una mala gestión gubernamental, acompañada de una burocracia sólo digna de los tiempos del Estado agrava un problema que siempre existió, y que parece agravarse con el paso del tiempo. Los mismos tiempos que le pedimos al Estado como garantía, se convierten como efecto secundario en una lentitud a la hora de ejecutar que irrita. Esto asociado al hecho que cuando las crisis institucionales llegan, la ola mediática y estructural genera que los problemas tengan un crecimiento exponencial sorprendente.

Pero esto es sólo la punta del iceberg. Encontrar la oportunidad de volver al ataque contra los acuerdos partidarios en materia educativa parece ser la lógica más razonable. La realidad es mucho más profunda, es un juego de poder y poco importan los alumnos sujetos de la educación, o menos aún la sociedad en su conjunto.

Alrededor de 100 docentes votaron esta medida el pasado fin de semana, en una población de aproximadamente 2500 docentes. Esto implica un 4% en términos porcentuales, ¿parece poco no? Aquellos mismos que ponderan la autonomía de la enseñanza, justificada en base a un neutro saber técnico, están tan politizados y adoctrinados bajo la percepción de una izquierda cada vez más idiotizada y perimida, basada en sofismas vulgares. Lo que lo hace más preocupante es el escaso control que estos tienen, y el aumento sostenido de poder en aquellos grupos políticos simplemente mejor organizados o con más militancia.

Incluso el debate se ha vuelto tan pobre, que escuchar cada vez más decir que es una lucha sin cuartel contra ese monstruo intangible llamado “neoliberalismo” , basado en argumentos poco convincentes, desde una posición de omnipresencia moral por encima del resto de los terrenales ha convertido a este discurso cada vez más agotador.

La sociedad uruguaya hoy está siendo rehén de unas minorías radicalizadas que niegan casi sistemáticamente la autoridad política y plantean constantemente boicotear todo aquello que no les cae en gracia. Instalan una lucha de poder en donde quede bien claro que los que mandan son ellos, y sólo será válido establecer aquellas bases en la educación que a ellos les vengan bien. El prepoteo en el caso de los directores y la barrida al plan Pro-Mejora (que no era una solución mágica pero al menos implicaba una reacción) hablan por sí solos. Lo triste es, que quienes dominan el gremio docente de Montevideo plantean un abuso de los derechos  que no hace más que desprestigiar la lucha sindical de un país que siempre se caracterizó por tener un sindicalismo modelo en la región.

Los docentes tienen el poder de trasladar el conocimiento, de enseñar a pensar. Que hay problemas nadie lo niega, originados en una fragmentación social tan arraigada que su génesis se vuelve incierta, y se entiende, pero es tiempo de ocuparse más que preocuparse. Internet plantea hoy un universo de conocimientos jamás concebido por el mundo, y esta es una oportunidad que la educación no puede dejar pasar. Suena trillado, pero educar para pensar es revolucionario. Es la única revolución que vale la pena impulsar. Hay que reaccionar.

(Escrito en marzo de 2012)

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