DE PUTA RUTINA Y RECUERDOS

rutina-lk1

 

Lo que veo es rutina. Lo que mata es la puta rutina que acosa día a día. El pequeño vaso de leche en la mañana, inculcado en años mozos para ausentar culpas al quemar las primeras cenizas. La prenda elegante que se acomoda, acompañada de la inútil corbata de origen dudoso. Tantas típicas costumbres nos han dejado las guerras, y la inútil corbata es una de ellas. No es la velocidad del mundo que no espera, es cierto comportamiento autómata instalado en el subconsciente. Hacia algún lugar vamos, y la depresión escolta la salida apresurada del sumiso muñeco en busca de ser otro más.

Amaestrados y condenados a la maquinaria que no para. Recuerdo la vieja bici con rueditas empujada, como si el riesgo de caer no fuera parte de crecer. Recuerdo las idas al fútbol desde niño, como si para terminar por amar un deporte fuera necesario que nos empujaran. Recuerdo las primeras lecturas y los primeros amores. La primera cerveza y el primer gol. Los primeros besos que jugaban a ser eternos. La primera crítica y las mentiras sobre aquel prócer allí posado sobre el pizarrón. Recuerdo los asados con amigos y las pretenciosas intervenciones. Recuerdo la adolescencia interminable que descansa en su soberbia la convicción eterna de no envejecer. Recuerdo que fui sueño y esperanza. Recuerdo que hoy soy recuerdo.

Protagonista intrascendente de un mundo de imperios. De un mundo que quiso ser revolución y fue revolucionado. De una historia llena de ideas, guerras y emperadores. Del Medioevo y de tiempos modernos. De pertrechos y de náufragos. De héroes y  villanos. De Rousseau e iluminismos. De sangre y libertad. De absolutismos y libertarios.  De añejos grandes maestros.

Como ignorar a los primeros griegos republicanos o al virtuoso civismo romano. A los inspiradores franceses y a los esperanzadores americanos. A aquellos pioneros del Estado Moderno y también a los cómplices keynesianos. A los olvidables regímenes totalitarios y a los recientemente convencidos demócratas.

Protagonista soy de un mundo en tiempos de paz. De casi un planeta entero en tiempos de paz. De causas que hoy me llevan hasta aquí, y de otras que no logro comprender cuando niños mueren bombardeados. Sentenciado a vivir bajo el bastardo conformismo de ser lo que se es. Templo de mis propios pecados. Son los costos que se deben pagar ante la grandilocuente lucha de mis anteriores. Es la factura de los herederos inconformes del progreso.

Este no es un grito anárquico. Mucho menos fascista o comunista. Ni siquiera es un grito demócrata ni de rebeldía. Nos enseñaron lo que hay que enseñar y lo que no. Soy hijo de cierta moral impostada, y padre de la moralina posmoderna. Ya vinieron y vendrán los tiempos sin rueditas, donde ya nadie empujará. La bici avanzara, seguirá bajo nuestro propio impulso funcionando. Y ya será viernes. Y otra vez será lunes. Nosotros recordaremos que somos recuerdo. Y seguiremos empujando.

PIEL

images

 

Voy por lo sucio, quisiera reventar bajo esta piel. La sucia piel que narcotiza. Dueña absoluta del reflejo frente al espejo. No es el cuerpo lo que atrapa, sino el contorno de su delicadeza fantasmal, su forma única e irrepetible, su generalidad simple y universal. Es la piel sucia curtida la que se revela, la que se vuelve protagonista, la que fue y será víctima de tantas noches de excesos ya no memorables. Mártir constante de descuidos rutinarios, de poros diminutivamente desgastados por la inquebrantable necesidad de la nicotina atrapante. Si el cuerpo es preso del tiempo, la piel es el juez que lo encarcela. El desgaste apresurado de su noción tirana no es más que el concepto realista de envejecer. La piel dice, habla con la cruda franqueza que el más solemne de los intelectos es incapaz de asumir en su padecimiento.

Otra noche me encuentro frente al espejo. Otra noche de parálisis farsante, de reflexión aguda sobre esa sucesión de órganos minúsculos dispuestos a ser parte de algo mayor. Otra invernal noche me encuentro en un cuerpo zambullido en un temor delirante de explosión hormonal, de la posible explosión de esa piel en busca de una sucia semejante que la hipnotice.

La piel es la que más respira, la que lo respira todo. Su cometido es percibir la sensación del tacto. Para la piel el sexo no es la cacería insaciable del placer, sino la sensación en la caza de ese placer. Distinguir la huella imperfecta en el camino a la cercana imperfección. La misma piel que se eriza, la que nuevamente se narcotiza bajo la lupa tácita de la limpia piel que la acaricia, que acaricia. La piel no disimula. La pretensión razonable de que la piel todo lo expresa en su inconsciente pureza perceptible. La piel no engaña, los hombres y sus gestos sí. La piel no miente, los hombres y sus palabras sí.

La piel es pura en su duda existencial. Es la piel tatuada y maquillada la que ofrece la falsa invitación a lo simbólicamente natural. Como si hubiera algo más atrapante que la descuidada elegancia, que la desarreglada belleza digna de no todos los terrenales. La búsqueda seguirá insaciable, y el quiebre climático en mi escritura ya es ineludible. La revelación del enemigo antes de encharcarme en más íntimas y deseables aguas carnales se debe ni más ni menos que al conocido miedo por el que me encuentro sometido. Y ese victorioso enemigo es el pudor.