CHÁVEZ: la creación de un mito

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Cuando le preguntaron a Zhou Enlai (Primer Ministro desde la instalación del régimen comunista en China) que pensaba sobre los efectos de la revolución francesa éste contestó: “aún es muy prematuro para evaluarlo”. Esto ocurrió a mediados del siglo pasado.

Hugo Chávez desde su discurso inspirado básicamente en Fidel Castro, algo más popular y menos intelectual, hizo de la autocracia un culto. Arremetió contra el imperio reencarnando una lucha perdida décadas atrás, y desde una ideología incongruentemente marxista-cristiana alineó a su lado a la población más pobre.

La existencia de Gorge W. Bush le fue funcional a su discurso, a su relato. Si la palabra “imperio” ya resultaba pecaminosa, y generaba simpatías, el ex presidente estadunidense daba el golpe de gracia. La frase del ex mandatario venezolano: “aquí huele a azufre” en la ONU no fue más que una genialidad pensada, planificada y elocuente. Se transformó rápidamente en el líder antiimperialista que cierto sesgo ideológico necesitaba. El surgimiento de Barack Obama lo puso incómodo, su mayor enemigo discursivo ya no estaba más en el poder.

Su estilo campechano, contradictorio, errático, mesiánico y narcisista al extremo, generó amores y odios por todo el orbe. Bajo la tutela de Andrés Izarra acuñó la filosofía de Ernesto Laclau: lo que se dice es lo que sucede. Como la realidad es algo que no se puede describir objetivamente, los gobiernos construyen relatos. Pero Chávez fue más allá, construyó un imperio mediático mediante una sobre exposición personal inaudita. Se valió de los petro-dólares para construir una hegemonía mediática dedicada al proselitismo político, atacó y confrontó a opositores y críticos sin piedad, hasta caricaturizarlos al extremo. Planteó constantemente teorías conspirativas en su contra apelando a las más burdas y perezosas actitudes intelectuales. Cerró y persiguió medios (algunos golpistas, otros no).

Explicar el surgimiento de un fenómeno como el de Chávez en estas latitudes resulta absurdo. Su génesis parte de una realidad, la caribeña, que es tan distinta a la del sur de América en términos de estabilidad política e institucional, que resulta fácil perder de vista la apropiada mirada analítica desde estos lares. Desde el Caracazo, pasando hasta un fallido golpe, los predecesores a Chávez hicieron oda a la corrupción, la inoperancia y a la constante sujeción a los intereses oligárquicos. Esto dio lugar a la eclosión de su adoctrinado liderazgo.

Bajo su tutela las clases más rezagadas encontraron voz. Acumuló poder político en las urnas y le devolvió a su país la soberanía de su principal producto económico. Los disparados precios del petróleo le dieron el poder para generar un paternalismo estatal que hizo de los más pobres sus más devotos seguidores. Bajó la pobreza considerablemente y sus más importantes inversiones estructurales fueron dirigidas a los sectores que menos tienen.

A lo largo de su perpetuación en el poder los rasgos netamente populistas se hicieron cada vez más visibles. La exaltación del líder carismático (definida por una impronta personal innata), la acuñación de la palabra como verdad revelada desde una demagogia compulsiva, la constante incitación al odio de clases, y cierta clase de desprecio por el orden institucional, fueron algunas de sus características más notorias. La apelación discursiva a la existencia de un enemigo externo (o interno) buscó asiduamente justificar muchos de sus propios fracasos. También, la situación económica que hereda Venezuela es muy delicada: una desindustrialización cada vez más importante, una de las inflaciones más elevadas del planeta, y una inseguridad imperante son algunas de las características que deja el obligado fin de su gobierno. La falta de un manejo económico adecuado terminará en el largo plazo por repercutir funestamente en el propio pueblo que en su tiempo él acunó.

La evidente distracción norteamericana hacia Oriente Medio permitió que la izquierda ganara terreno por primera vez en su historia en América Latina, con sus contadas excepciones. El exacerbado antiamericanismo enfrentando a los dictados del neoliberalismo plegado, esta vez sí, a las reglas democráticas, pintó un nuevo mapa geopolítico en la región. Chávez lideró este fenómeno con su activismo exportador del modelo bolivariano que fue en parte aceptado por algunos de los gobiernos más cercanos a su doctrina. Incluso su superlativo ingreso de divisas, le permitió ayudar de forma continúa a países menos ricos. No por pura solidaridad regional, sino con la manifiesta intención de generar socios estratégicos, y de paso, evitarle a su país lo que se conoce como el mal holandés. Esto ocurrió hasta cierto momento en que su radicalismo e insistente intento intervencionista terminó por alejar y otra vez acercar los regímenes más afines al del ex presidente venezolano.

Murió Hugo Rafael Chávez Frías y es indudablemente el personaje político más importante del siglo XXI. Su legado ideológico en muchos casos cacofónico generara probablemente retóricas insulsas, con gestos que progresivamente provocarán una cárcel dogmática, concebida por un líder carismático genial, pero que terminará por ser un impedimento insalvable para pensar con libertad.

De todas formas, “aún es muy prematuro para evaluarlo”.

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EDUCAR TAMBIÉN ES PODER

 

 

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Se tomó la semana pasada por parte de ADES una medida que parece ser infantil, desmesurada, injustificada y desproporcionada para con la realidad que vive el país. Un paro docente en los liceos capitalinos por 72 horas. Cierto es, que el derecho a huelga nunca debería comprender los adjetivos mencionados si la causa es justa, y estas medidas logran resolver los reclamos que se hacen. Pero este no parece ser el caso. Acción en busca de reacción, esa debería ser la consigna.

Loable sería que los reclamos de los gremios docentes estuviesen sustentados únicamente por las faltas edilicias evidentes y constantes de algunos de los liceos del país. Nadie niega que no haya problemas, tener un liceo en situación crítica es grave, gravísimo. Una mala gestión gubernamental, acompañada de una burocracia sólo digna de los tiempos del Estado agrava un problema que siempre existió, y que parece agravarse con el paso del tiempo. Los mismos tiempos que le pedimos al Estado como garantía, se convierten como efecto secundario en una lentitud a la hora de ejecutar que irrita. Esto asociado al hecho que cuando las crisis institucionales llegan, la ola mediática y estructural genera que los problemas tengan un crecimiento exponencial sorprendente.

Pero esto es sólo la punta del iceberg. Encontrar la oportunidad de volver al ataque contra los acuerdos partidarios en materia educativa parece ser la lógica más razonable. La realidad es mucho más profunda, es un juego de poder y poco importan los alumnos sujetos de la educación, o menos aún la sociedad en su conjunto.

Alrededor de 100 docentes votaron esta medida el pasado fin de semana, en una población de aproximadamente 2500 docentes. Esto implica un 4% en términos porcentuales, ¿parece poco no? Aquellos mismos que ponderan la autonomía de la enseñanza, justificada en base a un neutro saber técnico, están tan politizados y adoctrinados bajo la percepción de una izquierda cada vez más idiotizada y perimida, basada en sofismas vulgares. Lo que lo hace más preocupante es el escaso control que estos tienen, y el aumento sostenido de poder en aquellos grupos políticos simplemente mejor organizados o con más militancia.

Incluso el debate se ha vuelto tan pobre, que escuchar cada vez más decir que es una lucha sin cuartel contra ese monstruo intangible llamado “neoliberalismo” , basado en argumentos poco convincentes, desde una posición de omnipresencia moral por encima del resto de los terrenales ha convertido a este discurso cada vez más agotador.

La sociedad uruguaya hoy está siendo rehén de unas minorías radicalizadas que niegan casi sistemáticamente la autoridad política y plantean constantemente boicotear todo aquello que no les cae en gracia. Instalan una lucha de poder en donde quede bien claro que los que mandan son ellos, y sólo será válido establecer aquellas bases en la educación que a ellos les vengan bien. El prepoteo en el caso de los directores y la barrida al plan Pro-Mejora (que no era una solución mágica pero al menos implicaba una reacción) hablan por sí solos. Lo triste es, que quienes dominan el gremio docente de Montevideo plantean un abuso de los derechos  que no hace más que desprestigiar la lucha sindical de un país que siempre se caracterizó por tener un sindicalismo modelo en la región.

Los docentes tienen el poder de trasladar el conocimiento, de enseñar a pensar. Que hay problemas nadie lo niega, originados en una fragmentación social tan arraigada que su génesis se vuelve incierta, y se entiende, pero es tiempo de ocuparse más que preocuparse. Internet plantea hoy un universo de conocimientos jamás concebido por el mundo, y esta es una oportunidad que la educación no puede dejar pasar. Suena trillado, pero educar para pensar es revolucionario. Es la única revolución que vale la pena impulsar. Hay que reaccionar.

(Escrito en marzo de 2012)

“VOS, NUEVO INMIGRANTE”

Semblanza de un italiano en Uruguay

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Matteo Forciniti es un politólogo italiano de 23 años que vive actualmente en Uruguay. Es oriundo  de Calabria, una región al sur de Italia que constituye la punta de la península de ese país. “Soy de la misma región que Gennaro Gattuso”,  dice con orgullo Matteo, exhibiendo una pasión por el fútbol  digna tanto de este, como de ese lado del mundo.

En febrero de 2011 conoció Uruguay por primera vez, luego de visitar Argentina y Brasil, pasó unos meses en el país que hoy eligió vivir. Cuatro meses y una excepcional campaña en la  Copa Libertadores de ese año fueron suficientes para que su amigo Diego Tagliaferro lo convirtiera en hincha fanático del manya. “La Amsterdam es emoción, espectáculo único en el mundo. El fútbol es una metáfora de la vida, se lucha con pasión. Con il Cuore”  afirma  “el tano” como le dicen sus amigos en Uruguay. Allá en Italia, es confeso hincha de la Juventus de Turín, su ídolo es Alexandro del Piero y no puede evitar expresar su alegría y nerviosismo al referirse a la semifinal de la Eurocopa a disputarse el próximo jueves cuando la Nazionale se enfrente a Alemania.

A pesar de que en 2011 volvió a Italia a mitad de año, aclara que siguió a la Selección Uruguaya de Fútbol durante toda la Copa América, incluso mientras transcurría el torneo la bandera uruguaya no faltó ni un día en su trabajo. Cuando sus compatriotas y coterráneos eran escépticos respecto a su obsesionada preferencia por ese pequeño país, Matteo era claro y firme al responderles: “Uruguay, tres millones de personas, dos Copas del Mundo y unas playas de la puta madre”.

Su decisión de venir a conocer Sudamérica nace de su historia familiar. Su abuelo Natale,  emigró de Italia a Buenos Aires donde vivió por 15 años. Cuenta que en realidad la idea era que toda la familia se viniera, pero una enfermedad en un ojo de su bisabuela no le permitió viajar y esto cambió la decisión de toda la familia. Con su madre ya fallecida, Matteo tiene aún en su país a su padre Salvatore, su hermana Federica y su hermano Natale, con quienes habla casi cotidianamente vía Skape. En agosto de este año, tiene pensado volver a Italia durante unas tres semanas.

Matteo, que se recibió de politólogo en su país, realizó sus estudios durante un año en la Universidad de Salamanca, España, donde conoció los primeros uruguayos y esta experiencia le ayudo a mejorar su español. Decidió venirse a Uruguay a hacer un posgrado de Estudios Latinoamericanos en la UDELAR.También estudia periodismo en la Universidad ORT. “Sobre todo por las relaciones humanas, que parece el sur de Italia 50 años atrás. Espero no cambie por el desarrollo económico”, justifica así su opción de venirse a vivir al país del mate. Toma mate y es gran fan del asado, aunque confiesa que ahora en invierno extraña un poco la falta del segundo.

Actualmente vive en Cordón  junto a dos amigos, Franco Pérez, comunicador, y Juan Pablo Sesto, que se desempeña como Secretario de Prensa del Club Nacional de Football. Su casa es amena a la vista, típica de jóvenes, espaciosa y siempre con alguna guitarra sobre uno de los sillones como tentando a quien la quiera acariciar. También vive con ellos Abril, la gata de Franco, que es la mimada de la casa, casi tanto como el frigobar que adorna el living.

Fanático de La Renga, amante de Cabo Polonio, que él mismo define como “il cule del mondo”, Matteo aún no afirma que se vaya a quedar a vivir en Uruguay para siempre, pero tampoco lo descarta. Aún así, su cara de orgullo al mostrar su cédula uruguaya es indisimulable. Se considera un tipo de izquierda, aborrece a Silvio Berlusconi o mejor aún, todo lo que este representa.

Citas como, “por suerte nunca me tome nada tan en serio” de Fito Pàez, y “a donde nos lleve el corazón” de La Renga, son las frases de cabecera de Matteo, que con un encantador acento italiano, hasta pegadizo por momentos, define así su filosofía de vida.

LA INFLACIÓN Y UNA CULTURA DOLARIZADA

Un intento de explicar uno de los karmas de la economía uruguaya y el origen del amor al dólar de esta sociedad.

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La inflación es el aumento sostenido del nivel general de precios de bienes y servicios. Así es como se define en cualquier clase de primer año de economía o de otra carrera similar que trate el tema. Genera pérdida de valor de la moneda, y conduce a que los precios que están expresados en unidades monetarias aumenten. Llevado a términos terrenales, si hoy se puede comprar un producto con un billete de cien pesos uruguayos, pero dentro de un año el mismo producto sale diez pesos más, entonces ese billete ya no tiene el mismo poder de compra que tenía hace un año.

Este fenómeno tiene como particularidad un efecto engañoso. Desde la instalación de los Consejos de Salarios nuevamente en el país, estos han implicado un aumento salarial constante en la mayoría de los rubros industriales y comerciales. Si se supone que se toma en cuenta la inflación proyectada por el gobierno, se produce un aumento de un 5% en términos reales del salario de los trabajadores y en forma semestral. En principio, el trabajador tiene la percepción de que tiene más dinero en su bolsillo porque su aumento salarial es de un poco más de un 5% anual. Esta percepción lleva indefectiblemente a consumir más, pero si se asume que la inflación de un país está en un 1% mensual, anualizada llegaría a un poco más de un 12%. Entonces un trabajador gana  en los primeros meses poder adquisitivo, hasta que llega un momento en que el efecto inflacionario pasa al aumento salarial. Esto es lo que normalmente se conoce como pérdida del salario real (lo que se puede comprar).

Esta situación la pintó de cuerpo entero Juan Domingo Perón en 1945 cuando se instaló el fenómeno en la región. “Los salarios van por la escalera, y la inflación por el ascensor”, declaró el ex presidente argentino. Al primer piso puede llegar antes el que va por la escalera, en el segundo ya llegan iguales y en el tercero ya sacó una distancia considerable el último.

Cuando una economía está en crecimiento como la uruguaya en los últimos años, es normal que haya una inflación más o menos similar a la tasa de crecimiento que está teniendo el país, siempre y cuando esta se encuentre dentro de los rangos proyectados por el gobierno. En estos casos el alza en los precios supone un efecto secundario positivo, un mal necesario que acompaña al crecimiento. El problema radica cuando se desacelera el crecimiento y este fenómeno que representa un desequilibrio a nivel macroeconómico sigue aumentando.

Las causas que la generan son múltiples y existen muchas teorías al respecto. Una de las más clásicas conocidas es el incremento en el conjunto de dinero en manos del público (masa monetaria), que genera un aumento de demanda de bienes, y si la oferta no la acompaña, surge la inflación. Cuando se habla de demanda agregada, se refiere al total de los bienes y servicios demandados para el consumo privado, la inversión, los gastos del gobierno y las exportaciones. Cuando esta demanda es mayor a la ofertas incluyendo las importaciones, entonces se origina una presión inevitable sobre los precios.  Generalmente esto se da cuando el déficit del sector público es elevado y se tiene que acudir al financiamiento (el Estado se endeuda). También cuando el crecimiento de los salarios está por encima de la productividad genera presiones inflacionarias.

Existen otras variables no monetarias que también influyen en el incremento de los precios. En caso de que el petróleo a nivel internacional tenga un aumento relevante en su importe, hará aumentar el precio del combustible, lo cual implicará una suba inmediata en los costos de producción tanto para la industria como para el agro. Entonces, no sólo saldrá más caro el combustible, sino que prácticamente todos los bienes y servicios básicos. Esto va a llevar a que los salarios reales aumenten en algunos sectores, y también los costos de los mismos, lo que en definitiva termina por hacer subir los precios en todo. Este fenómeno denominado inflación de costos genera un espiral precios-salarios, porque suben los costos de producción, las empresas aumentan los precios y esto hace subir nuevamente los salarios. Este caso ocurrió en el país entre 1974 y 1978, durante las crisis petroleras.

Para medir la inflación en Uruguay se toma el Índice de Precios al Consumo (IPC), donde se valoran los precios de un conjunto de productos de bienes y servicios dentro de la canasta familiar básica. El encargado de recabar estos datos es el Instituto Nacional de Estadística (INE). La variación porcentual de los precios se calcula teniendo en cuenta el importe de un bien en un momento, menos el precio de él mismo en un periodo determinado del pasado. Al dividir por este último el resultado de la resta y luego multiplicarlo por 100, da la variación en términos porcentuales.

En setiembre de este año la inflación se disparó en Uruguay y esto puso en alerta al gobierno  que se había limitado en los últimos tiempos a  subir la tasa de interés de referencia por parte del Banco Central del Uruguay (BCU). Ésta opera como referencia para los bancos comerciales a la hora de negociar con sus clientes las tasas de interés. Entonces, cuando el BCU sube la tasa de referencia, disminuye el atractivo de prestar para los bancos, por lo tanto, repercute en una disminución de la oferta monetaria en el mercado.

Esta medida es uno de los caminos más ortodoxos en política monetaria, porque se encarece el crédito, repercute en una baja en el consumo y la inversión. Se reduce la demanda y en definitiva se terminan conteniendo los precios. El problema cuando se suben las tasas de interés, es que los operadores del mercado salen a vender dólares aprovechando la tasa que está pagando el BCU, y se genera una presión inevitable a la baja del dólar.

Una divisa baja lleva a que Uruguay esté caro para el turista de otro país, sobre todo de la región. También a que los sectores de exportación de la economía tengan problemas, porque sus costos al estar en pesos uruguayos se encarecen en términos comparativos (venden en dólares y compran en pesos) y pierden competitividad. Ante esto, el BCU tiene que salir a comprar dólares al mercado, saca divisas de circulación y evita que la moneda norteamericana siga bajando. Este último razonamiento se basa en oferta y demanda principalmente.

Actualmente el gobierno uruguayo se encuentra ante la posibilidad de que la inflación en el año 2012 supere la barrera psicológica de dos dígitos. Para el mes de noviembre por medio de un acuerdo con el sector privado se congelaron y redujeron los precios de una canasta de productos significativa, pero esto no es una política macroeconómica sino que consiste en afectar directamente al IPC. A corto plazo esta medida es efectiva, pero esto no indica que la inflación se vaya a desacelerar. En algún momento se ajustará.

Según la mayoría de los especialistas en la materia, sin una moderación en el aumento de los salarios, una mejor administración del gasto público y un mayor incentivo para el ahorro en el sector privado, esta medida no será suficiente para frenar la inflación en el país.

Un dólar bajo y una inflación relativamente alta lleva al país a tener problemas de competitividad con sus vecinos, que devaluaron su moneda reduciendo sus costos en términos comparativos. Esto les da a Argentina y Brasil una importante ventaja competitiva con respecto a Uruguay y esta es una de las principales preocupaciones del gobierno. Este es uno de los grandes problemas que tienen hoy los países europeos en crisis, al tener una moneda única no pueden devaluarla.

No es casualidad o antojo el hecho de que Uruguay tenga una cultura desde hace muchos años de ahorrar en dólares. Más allá de cierto aspecto psicológico de confiabilidad sobre esta divisa, la historia uruguaya en términos inflacionarios ha generado esta conducta. Si bien en los últimos diez años el promedio ha sido de 8,5%, existen en el país algunos picos híper-inflacionarios desde el surgimiento de este fenómeno como concepto, luego de la Segunda Guerra Mundial.

En el año 1968 el país alcanzó una inflación de 180 %, la máxima en su historia. Esto llevó al presidente de aquel entonces, Jorge Pacheco Areco, a aplicar lo que se llaman políticas de shock, congelando los precios y salarios en procura de frenar la inflación. Estas medidas lograron algunos resultados a corto plazo, pero sus reales consecuencias llegarían algunos años más tarde.

Otros picos se dieron entre 1974 y 1978, que llegó a un 80%. Esto implicó la creación de la “tablita cambiaria”, que consistía en un tipo de cambio único, fijado por la autoridad económica y ajustada mediante minidevaluaciones preestablecidas con meses de anticipación. Su objetivo era que se alinearan los demás precios de la economía a esta, pero la realidad mostró que la inflación creció mucho más que el dólar provocando un acentuado “atraso cambiario”. El atraso cambiario se da cuando el valor del peso con respecto al dólar se incrementa en menor proporción a los aumentos inflacionarios.

El 26 de noviembre de 1982 el Banco Central anunció que se retiraba del mercado cambiario, lo que provocó una alta devaluación del peso, que pasó de 14 por dólar a 45 en dos meses. Esto también llevo a un brutal endeudamiento en dólares, algo similar a lo ocurrido en 2002.

A fines de los ochenta la inflación en Uruguay rondaba en torno al 120% anual, y llegó en el año 1993 a 138 %. Esto generó lo que se llamó la política estabilizadora del gobierno de Luis Alberto Lacalle, donde se buscaba normalizar las variables económicas delimitando la intervención estatal.

Las medidas más relevantes del gobierno de esa época fueron: controlar la inflación, establecer un anclaje cambiario, ajuste fiscal buscando sanear las cuentas públicas y un asentamiento salarial mediante la eliminación de la negociación colectiva.

Es el comportamiento y la volatilidad de la propia moneda uruguaya la que genera incertidumbre. La evolución altamente variable históricamente en Uruguay es lo que lleva a que se pierda confianza en la moneda nacional, y por ende se busque ahorrar en divisas. La moneda norteamericana cumple con los tres requisitos fundamentales: es moneda de cambio, o sea, tanta cantidad de dólares valen por un bien. Segundo, es referencia de valor. Por ejemplo, un auto vale tantos dólares. Y por último, tiene reserva de valor (condición que generalmente no cumple el peso uruguayo). Es decir, que si se guarda una cantidad determinada en esta moneda, al año siguiente sirve para comprar lo mismo. No se desvaloriza y esta es una de las razones por las que los precios de los bienes más caros están siempre dados por esta moneda: casas, autos, maquinarias, etc. En definitiva, el tipo de cambio es la manera en que un país puede adecuar su idiosincrasia para competir con el mundo.

Según un informe realizado recientemente por el portal La Nación de Argentina, Uruguay se encuentra tercero entre los países de América del Sur con más inflación acumulada, superado solamente por Argentina y Venezuela.

La cultura dolarizada uruguaya implica el ahorro en dólares para protegerse de la pérdida de valor del peso, y esta cultura nació básicamente con la inflación.

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EL MALDITO VERANO

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El calor se apodera del este, doradas arenas, hermoso ruido blanco del oleaje, el culito perfecto de la quinceañera, ese maldito topless enemigo de la imaginación, o la despreciable sunga del musculoso.  A veces no tanto, lo de musculoso, no lo de despreciable. Marcan la postal de un enero cómplice  de una decadencia demencial.

Chicas que juegan a la hippie chic, verdaderos enjambres de pepas que encuentran en Rocha su oportunidad para volver a lucir su carterita rasta, o quizás aquella pollerita hindú,  zafra de anillos de coco, con fecha de vencimiento en marzo, hacen del verano nuestro regreso a la eterna adolescencia.

El fútbol en la playa, sombrillas incrustadas bajo la arena, tejos y paletas intrascendentes, rondas de mate compañero, caminantes insaciables de la orilla, signan la postal de un astro rey que apunta sin piedad. Asado con amigos,  algunos que ya no están, por falta de trabajo debieron partir, otros que por exceso del mismo corrieron con la misma suerte. Anécdotas infaltables de años mozos revividos, absurdas charlas filosóficas, amores veraniegos o amigos partuseros, que provocan caminatas de regresos mañaneros con resacas desafiantes a un sol enfurecido que temprano golpea primero.

Todo pasa en verano, nada pasa en verano. La excesiva y constante demanda de cerveza y otros licores aun más poderosos, enemigos declarados de ese hígado eternamente castigado que en enero sufre los más duros embates, hacen de la noche la ineludible obligación de quien alguna vez se jacto de fiestero. Largas jornadas de alcohol y otras maravillas tramposas, chicos exageradamente heterosexuales, o ellas simplemente alteradas y desarregladas, buscan charlas insignificantes con dudosas intenciones.

El idilio veraniego se transforma en el escape, donde la noche se hace nuevamente cómplice del día, el trasnoche de la playa y el alcohol gran víctima del exceso. Una sola falsa promesa me traigo a cuestas, no tomo nada por un mes, hasta yo me termino sorprendiendo con la facilidad que me miento. Maldito verano que ya te has ido, bendito seas cuando vuelvas. Te estaré esperando… Siempre.

MIENTEN

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Eliminación de las AFJP, estatización de Aerolíneas y Fútbol para Todos. La decreto Party. Argentina baila al son de Cristina, intemperante, narcisista, mesiánica. La  verborragia de un discurso intolerante. Hasta octubre maquilló, minimizó costos políticos con corto plazos populistas. Clarín miente.  Diciembre asoma, ella asume y desatinados proteccionismos son testigos de cincuentonas políticas de sustitución. Mujica banca. Página 12 miente. Enero la operan, de un cáncer que no es. Chávez delira con virus enviados por internet. Claro, por el imperio, quien más si no. Las trabas siguen. El Mercosur son los padres. Once se lleva 50 vidas, febrero de luto. El gobierno interviene, aquella  misma empresa que había renovado y concesionado. De Vido no se toca. La Nación miente. Se restringen  libros, por contenido de plomo. Moreno busca nivelar, la balanza “made in Argenitna”. La Cámpora crece, la oposición sigue inerte. Aniversario de la Guerra de Malvinas, el nacionalismo reflota, tapa. Clarín miente. Boudou es acusado de corrupción, imprenta y otros temitas. Cristina y su karma vice presidencial. 6-7-8 miente. De Vido no se toca y Kicillof expropia YPF. Europa llora, Rajoy aprovecha. Boudou respira, los inversores rajan. El dólar se vuelve obsesión. Clarín vuelve a mentir. Messi la sigue rompiendo. España es noticia por una monarquía paradójicamente vigente en democracia. Mujica confunde solidaridad regional con complacencia provincial. Pedro juega, al miedo es el mensaje ¿Quién miente? Las simpatías breves se vuelven protagonistas, el apoyo a Malvinas, las frivolidades de Menem o la fiesta del default. Todas breves, no todas viables. No me dará la vida para terminar de comprender al peronismo, del neoliberal y privatizador al estatista y populista. Las mafias de derecha son bravas, pero las de izquierda son peores, afirmaba Cótelo refiriendo al carnaval. Me inspiro en Desbocatti para esta nota, me olvido de las reglas y formas. Busco rozar el absurdo, ¿me alejo tanto de la realidad? Todos mienten, dice House. Vuelve Lanata.  Y aún no arranca Tinelli, y su morbo estelar. Es que Pachano también miente.

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